martes, 4 de agosto de 2015

SEGUNDA ESTROFA. Parte 2.

         

         En este viaje no tenía previsto nada especial, bueno, exceptuando la Domus Aurea, de la que tenía entrada reservada, pero, digamos, que no era ese el motivo principal, era solo un aliciente más para volver. No tenía nada previsto en particular, de hecho, en este viaje no he pasado por San Pedro, no he ido a Castell Sant'Angelo y, casi ni vi la Fontana de Trevi, es más, hasta el segundo día, ni tan siquiera pisé el centro de la Ciudad...

            Pretendía vagar un poco por otras zonas quizá menos transitadas de turistas y, no por ello, menos interesantes, aunque, al final, descubrí que hay muy pocas zonas que los turistas no tengan en su punto de mira, la pena es que, la mayoría de las veces, pasan por los sitios sin apenas fijarse en lo que tienen a la vista, van con el ojo puesto en la meta y no disfrutan del camino que les lleva hasta esa meta. En mi caso, me fijé para los primeros días, una meta, ir de tal a tal lado fijándome en el camino que seguía.


            Como es natural, tenía un pequeño plan prefijado de cual iba a ser ese “de tal a tal lado”, un esbozo de lo que quería visitar, pero, como ya he dicho, me interesaba más como y por dónde llegar a la meta que llegar en sí, total, tenía todo el tiempo que quisiera para hacerlo.

                Como dice el gran José Antonio Rios Gonzalez en su libro (el cual recomiendo a cualquier amante de Roma) "Roma, andar y ver.": "Andar... Pasear sin prisas... Callejear empapándose de la ciudad... Detenerse en una plaza, sentarse ante un cuadro, olvidarse en ese momento de que existe el resto. No se puede pretender hacerse con Roma de una sola vez. Es inútil. Y no por sus excesivas distancias, sino por su absoluta abundancia".

            Así comenzó o, mejor dicho, continuó, esta odisea. Como siempre en un aeropuerto, esperando un embarque y deseando llegar.

            Contaba con que en Roma amanece una hora antes que en España y anochece una hora antes, lógicamente, de forma que ya sabía que, cuando el avión arribara al aeropuerto, a eso de las 18,30 o 19,00 horas de la tarde, sería noche cerrada ya... no me gusta llegar a un sitio de noche, a ningún sitio... no es solo por una cuestión de seguridad, mi propia seguridad, es más bien por un pequeño defecto que tengo en la vista desde siempre, consistente en que no veo nada bien en las horas nocturnas, me deslumbran todas las luces y eso me crea una inseguridad extra. No obstante, esta vez, contaba con esto, dado que el avión partía del aeropuerto de Málaga a las 15,30 horas y la llegada a Fiumicino, como ya he dicho, estaba prevista para las 18,30 horas. Después había que coger el tren hasta Termini (31 minutos exactos, esto si que fue una agradable sorpresa para mi) y, una vez en Roma Ciudad, tenía que encontrar el apartamento, cosa bastante fácil, dado que, como en cada uno de mis viajes (algo que aconsejo siempre a todo el mundo que viaja a cualquier parte), ya había hecho un recorrido “virtual” desde la estación a Via Baccina, que es donde se encontraba. Fácil, bajar por Via Cavour, al llegar a Santa Maria Maggiore, torcer a la derecha y continuar por Via Panisperna hasta Via dei Serpenti y, justo en frente de Piazza della Madonna dei  Monti está Baccina (me suena mucho esta calle... y no caigo...).


            Lo que yo no imaginaba es la vida nocturna que tiene Monti. Cuando llegé a la Piazza della Madonna, tenía que esperar un ratito a que me vinieran a dar las llaves del apartamento, me sorprendió ver la cantidad de gente joven que había por los bares de Panisperna y de la propia Piazza, siempre había pensado que la “marcha” estaba o bien en Trastevere o bien en Testacio, parece que me equivoqué... Luego me comentó mi amigo Alberto que este ha sido siempre un sitio al que acude mucha gente a cenar y tomar alguna copa que otra, pero que últimamente, se está poniendo de moda...

            Hay algo, un “sucedido”, que  me vino fastidiando durante toda la estancia, dado el lugar donde se encontraba el apartamento y por el que, como es normal, salía a cenar cada noche. La primera vez que llegué me llamó mucho la atención la cantidad de tráfico que congestionaba la Via dei Serpenti, pero, dado que Roma es un caos de tráfico en sí misma, no me sorprendió excesivamente, al preguntarle al amable empleado de la empresa que me había alquilado el apartamento (digo amable sin ningún tipo de “retintín”, que era amable el hombre, un poco estresado, pero amable), me comentó que no era normal este atasco y que era probable que se debiera a “il film americano...”. Me encanta como dicen los romanos “americano”... siempre que lo oigo me acuerdo de la peli de Sordi “Un americano a Roma”... es un “americano” arrastrado, casi con “g” en lugar de con “c”, me encanta... Bueno, pues el “film amerigano” en concreto no era otro que la última aventura del incombustible James Bond, que al hombre no se le ha ocurrido otra cosa que tomar como telón de fondo para sus correrías a la propia Roma,  y durante toda mi estancia, concretamente en Monti. Ya había estado por el Tiber, por el Trastevere y por el Coliseo , por cierto, dicen que los famosos “sampietrinis” causaron estragos en la suspensión del famosísimo Aston Martin que, como buen inglés, no estaba preparado para los rigores mediterraneos y, específicamente, romanos en cuanto a calzadas... estos bárbaros, hijos de la pérfida Albión, nunca han sabido disfrutar de los beneficios de la civilización, ya desde los tiempos del Divino Julio dieron muestras de clara disconformidad...

            En fin, que, como ya he dicho, mientras esperaba al empleado de la empresa, decidí sentarme y relajarme un momento del estrés de la llegada con una buena Nastro Azzurra, así que, me senté en una terraza de la Piazza, concretamente (lo digo para información de todos) en un sitio llamado La Bottega del Caffè, un sitio bastante concurrido y muy interesante en la misma Piazza della Madonna dei Monti, un poco caro, quizá (me cobraron seis euros por una cerveza), pero casi cené con la tapa que pusieron (si, tapa), de forma que, estrenando mis nuevos y mejorados conocimientos de italiano, me dirigí al camarero y, aparentando la normalidad del que lo hace habitualmente, le planté un “scusi, vorrei una birra, per cortesia...”, el tipo que debió de verme venir (no se como lo hacen, quiero pensar que fue mi acento), me preguntó en un español muy  correcto “¿italiana o de importación?”..., mi gozo en un pozo, jamás podré conseguir pasar por un romanito más, no hay forma..., así que, con toda la naturalidad que mi dañado ego me permitía, le contesté “no, una Nastro mismo”, a hacer puñetas mi confianza en mis nuevas dotes lingüisticas... No obstante, como más adelante tendría oportunidad de ver, mi conocimiento del italiano ha mejorado considerablemente desde mi última visita, he de reconocer que gracias a mi empeño diario y a la paciencia que mi querida Profesoressa Benedetta pone en mi instrucción.



            La mejor forma de empezar bien un día es empezarlo pronto, así que, dado que eran ya las 9,30 de la noche y, para que engañarnos, hacía un frio en la calle bastante considerable, decidí dar por terminada la jornada y, como el apartamento tenía wifi, dediqué unos minutos a mandar toda suerte de mensajes de whatsapp a la familia comunicando mi llegada sin percances, tras lo cual, como marca la norma, el sitio/apartamento requería la normal ronda de investigación... vamos, quién al llegar a un hotel o un apartamento alquilado no ha dado una de estas vueltas para ver que hay y que se ve desde las ventanas y, dado nuestro carácter de españoles, poniendo pegas a esto o a lo otro: “Pues en las fotos salía mejor...”, en mi caso las pegas fueron escasas y la mayoría se centraban en que era un tercer piso, de los antiguos y sin ascensor, lo que hacía que cada “ascenso” al apartamento fuera como hacer cumbre en el Anapurna, por lo demás, estaba más que aceptable el sitio. Después de curiosear un ratito en la televisión italiana (que gracia nos hace a todos ver los anuncios de la tele, los que vemos a diario en castellano, en otro idioma, eh?), preparé la mochila de la cámara y las cosas para el día siguiente y me fui a dormir. Digo “fui” por poner un verbo que exprese algo de movimiento, porque la verdad es que me “caí” dormido. Primer día finiquitado, toma de contacto adecuada y preparado para comenzar temprano. Buonanotte Roma, sono già qui.

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